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Archive for the ‘Religión’ Category

Las puertas

1 de mayo de 2012 Deja un comentario

El príncipe Siddhartha tenía todo cuanto quería, pero no todo cuanto necesitaba. Le costó mucho tiempo entender la diferencia entre ambas cosas.

Vivía en un colosal palacio, al cuidado de su padre. Su madre murió al dar a luz, y por lo tanto su padre, el Rey, había intentado llevar a cabo el papel de padre y madre a la vez. Vivía con miedo de ver una pizca de infelicidad en los ojos de su único hijo, y decidió dedicar su vida a que el joven príncipe viviese pleno de felicidad, cerrando cualquier puerta, cualquier pequeño espacio que dejase entrar la mínima sombra de tristeza. Protegería al pequeño Siddhartha de todo mal que asomase por el horizonte, y recibiría todos los golpes por él.

No era de extrañar que el rey no dejase a Siddhartha salir del palacio. El príncipe no había visto nunca el mundo fuera del castillo, y muy benévolo se pensaba el Rey por dejar que a veces la tenue luz del Sol rozase la blanca piel de Siddhartha. No obstante, su palacio era el rey de todos los palacios. Era tan majestuoso y gigantesco que constituía todo un nido de leyendas.

Unos decían que se había edificado sobre rocas caídas de la Luna. Otros, que los elefantes de los que salió el marfil que decoraba gran parte de las estancias murieron voluntariamente al saber que sus huesos iban a servir al príncipe Siddhartha. Los sirvientes le aseguraban que el mundo exterior era más pequeño que el palacio. Que todo el que intentaba atacar ese lugar moría antes de pena.

Siddhartha lo tenía todo al alcance de su mano: salas de juego, grandes patios de recreo, animales exóticos con los que corretear por los jardines, y que en mundo exterior apenas quedaban. Andaba siempre cubierto de oro y toda clase de joyas, que el consideraba naturales, una extensión más, no algo que llevar con orgullo y arrogancia. Las joyas eran para él juguetes brillantes que podía esparcir por el suelo. Siddhartha, inocente, desconocía como se movía el mundo allá afuera.

Pensaba que los rubíes colgaban de los árboles, que la gente florecía de la tierra y que moría por aburrimiento, convirtiéndose en polvo de diamante que el viento arrastraba hacia el Sol en el momento oportuno. No había visto morir a nadie ni a nada. No sabía que cada vez que el Sol se ponía, alguien se marchaba también de éste mundo. Y toda esa realidad de hermosas mentiras eran, por supuesto, cuentos del Rey.Su hijo debía ser feliz, aunque fuese por puro desconocimiento de la tristeza, de la miseria, del mal. Si todo eso no existía para el príncipe, de puertas para fuera tampoco.

Pero  todo padre sabe que a cierta edad un hijo es imposible de predecir. El joven Siddhartha estaba creciendo y se hacía preguntas. “¿Por qué nunca salgo del palacio?” “¿Qué hay del mundo más allá de aquí?” Y el mundo, silenciosamente respondía: “cierto, ¿qué hay de mí?” Se acercaba el cumpleaños de Siddhartha, que ni siquiera sabía cuántos años llevaba existiendo. El tiempo era otra cosa que apenas existía en el palacio. Nunca había visto a ningún anciano. El Rey se impacientaba: no quedaba ningún regalo que hacerle a su hijo. No había nada en el mundo que Siddhartha no tuviera. El príncipe llevaba pocas preocupaciones a sus espaldas, pero en cambio, cargaba con bastantes riquezas.

El príncipe, nervioso, agobiado e inquieto, le pidió a su padre el único regalo que quería. ¿Que quería? No, no se trataba de eso. He aquí la cuestión: el único regalo que necesitaba. Se acercó a su padre, que hacía lo posible por parecer siempre joven a los ojos de su hijo, y le dijo las terribles palabras: “quiero ver el mundo exterior. Quiero abrir las puertas de palacio”. “No me quedan excusas” pensó el Rey. Éste momento debía llegar tarde o temprano. Pero seguía queriendo proteger al joven príncipe, y tomó cartas en el asunto.

Ordenó a todos sus hombres hacer algo muy especial: por todos los alrededores del palacio, hasta donde alcance la vista, debían deshacerse de toda la gente. Esconder a los pobres, llevarse a los ancianos, encarcelar a los de aspecto peligroso. Había acomodado el palacio para la completa inocencia del niño, y ahora debía acomodar el mundo. “Un rey… mejor dicho, un padre debe hacer grandes cosas” se decía.

Siddhartha mando abrir los enormes portones del palacio, que se manejaban con cadenas de oro macizo, y vio por primera vez el mundo exterior. O lo intentó: la luz le cegó,  y sus ojos tardaron unos minutos en acostumbrarse. Por fin pudo mirar el palacio desde fuera. Estaba flanqueado por un estanque de agua turbia, al que, según las leyendas, nadie, ni el mismo Rey, debe acercarse.

Pero no había salido para contemplar el palacio. Avanzó por las calles, y dejó que el viento le saludase. Le sorprendieron las hojas de los árboles y de las plantas que no había dentro del palacio. El mundo parecía desierto, salvo por unas cuantas personas aquí y allá, que bebían vino y charlaban. Era extraño, muchos de ellos le resultaban familiares, como si los hubiera visto en la corte del palacio…

Y entonces oyó pasos, y voces, muchas voces. “¡Detenedlo, detenedlo!”. Un hombre se postró a los pies de Siddhartha, un hombre a que perseguían los guardias. Pero no se postró por educación, como todos los del palacio, sino porque estaba fatigado. Era alguien extraño para él: un pelo blanco como la luna y una barba larguísima, y la piel, ¿qué le pasaba a su piel? Estaba arrugada y áspera como el papel más endeble. Llevaba harapos y un palo que le ayudaba a caminar. No sabía que clase de hombre estaba ante él.

Los guardias fueron hacia él para llevárselo, pero en un abrir y cerrar de ojos, cientos de personas aparecían aquí y allá, por todas partes. Nadie pudo esconderlos, nadie pudo deshacerse de todos. Mujeres que lloraban, niños cubiertos de suciedad, hombres que parecían esqueletos vivientes, suplicando por agua y pedazos de pan. ¡Suplicaba por tan poco! ¿Qué les pasaba? ¿Acaso eran mentira las historias de su padre? ¿Acaso la gente se iba de éste mundo sin poder impedirlo? ¿Acaso había algo por debajo de la felicidad, escombros bajo una vida de mentiras?

Así era. Nadie vio lágrimas en los ojos de Siddhartha, nadie vio ningún sentimiento. No tuvieron oportunidad. Corrió como un demonio. Decían en palacio que se fue porque no aguantó más, pero todos allá afuera sabían que era mentira. Cuando el mundo se desmoronó sobre el joven príncipe, comprendió que no podía permitir que nadie suplicase nunca por nada.

El Rey fue el último en verlo correr. No quiso detenerlo. Él también comprendió, y sonriendo, entró al palacio y lo mandó derrumbar.

Cómo fabricar tu propia Vagina™

17 de marzo de 2012 Deja un comentario

Para fabricar tu propia Vagina, necesitarás una serie de ingredientes fáciles de adquirir en la ferretería más cercana, o en un burdel, o en las profundidades de tu propio ser.

Necesitaremos en primer lugar, un par de buenos labios, que deberás arrancarle a una mujer famosa de su boca, y mojar posteriormente en agua de mar (no vale mezclar agua y sal). Después, en un tarro, deberás meter vinagre y diez cucharadas pequeñas de azúcar, y removerlo sin descanso durante tres días. Acto seguido, espera un día entero tumbado en la cama, con el tarro a diez metros, y una vez pasadas las diez horas, corre y mete un pequeño trozo de alambre de espinos dentro del tarro.

Una vez el alambre esté correctamente introducido, deberás ponerte en contacto con una anciana que haya sido cegada por el sol, y hacer que meta la mano dentro del tarro. Cuando te hayas cerciorado de que parte de su sangre se haya quedado en el alambre, rompe el tarro contra un suelo de madera, y embadurna los labios de mujer famosa en los restos que hayan quedado en el suelo. Deberás tener colgados los labios en tu nevera durante un año y, muy importante, meterlos en una caja de zapatos los días de lluvia, aún estando la nevera dentro de casa.

Cuando haya pasado justo un año, estarán casi listos. Deberás tener preparada una roca venusiana, que sólo se encuentra en las montañas del planeta Venus, aunque una roca común de la Tierra también vale, es indiferente. Deja los labios sobre la roca al sol, mientras, muy cerca de ellos susurras estas palabras: no más Cristo, más tu ombligo, menos fieras. Repite esas palabras cien veces a lo largo de una hora. Es importante respetar el número de veces y la hora exacta, si no lo haces correctamente deberás volver al principio del proceso y conseguir unos labios nuevos.

Hecho ésto, buscarás un león blanco, y le dejarás cuidadosamente en el suelo los labios, para que se los coma. Deberás esperar entonces a que el león muera, pero no vale si lo asesinas tú, deberá ser por muerte natural, o asesinado por otro león blanco. Una vez muerto el animal, deberás quitarle sus testículos y aplastarlos con una piedra filosofal. Lame vigorosamente la piedra filosofal después de ese proceso, y pronto crecerá en ti una vagina.

Pero la vagina necesita sus cuidados. Cuidados de la vagina:

– No ponerle peso encima, ni a los lados, sólo en el interior, si ella así lo pide.

– Regarlo con agua destilada.

– Hablarle, a baja frecuencia y con cariño, y escuchar si habla.

– Alimentarla con orquídeas.

– No alarmarse si sangra. Durante los periodos que haga eso, habrá que hablarle lo menos posible y no llevarle la contraria.

– En caso de que sea extremadamente difícil de tratar en los periodos mencionados antes, habrá que llevarle un diente de leche de un bebé llorón y depositarlo en el interior durante aproximadamente tres minutos.

– Los días lluviosos, cuando la lluvia se calme y salga el sol, ponerlo en dirección al arco iris.

La otra mejilla

15 de marzo de 2012 2 comentarios

Hace algunos meses publiqué no se qué entrada sobre un libro que descubría fallos de “El Codigo Da Vinci” y lo condené a la hoguera por ser escrito desde una perspectiva religiosa, como si el propio sentido común y un poco de investigación no fuesen suficiente para encontrar mil cosas que están mal.

El caso es que cuando avanza un poco el tiempo tus ideas cambian un poco ¡ZAS! tu mente avanza, más o menos, y ves a tu Yo del pasado como un idiota sin demasiada idea de nada, al igual que mi misterioso Yo del futuro, al que mando un saludo desde aquí, me verá como un estúpido jovencito, confiado y egocéntrico. Es cosa de la biblioteca, esa biblioteca toledana que parece no tener fondo (bueno, fondos, en plural), donde puedes llevarte cualquier suerte de libro sobre casi cualquier cosa que se te ocurra, de esos que puedes llevarte siete, de los cuales vas arrancando con tus ojos cosas y más cosas de interés.

Allí hay una estantería entera para cada religión. El cristianismo, o las persecuciones religiosas, tienen la suya propia, el islam también, y cómo no, el hinduismo. Buda. Zen. Dalai Lama. Es genial ese rollo. Jodorowsky dijo que se aficionó al zen y acabó comprando motos chinas, así que había que andar con cuidado. Me inicié con un libro de David Lynch donde habla de meditación, entre otras cosas. Si un tipo con un peinado tan chulo creía en esas cosas, había que darle una oportunidad a todo ese lío espiritual e indagar.

Hasta entonces mi noción de la religión se reducía a aburridas clases en el colegio pintando dibujos de los apóstoles y cosas así. Aunque coño, sé incluso buscar pasajes en la biblia. Concebía dos extremos de personas en lo que a lo religioso se refiere: los ingenuos de la JMJ que van a ver al Papa como si fuese un concierto de U2 y que dicen que se convirtieron cuando su papá o su primo o su tío pedófilo les llevó a una montaña y les dijo “¡dime ahora que Dios no existe!”, y los pedantes que declaran la biblia el “mayor libro de ciencia-ficción jamás escrito” y hacen chistes sobre Cristo y dan conferencias raras y reparten panfletos y les gusta Ismael Serrano.

Pero me equivocaba, había más, mucho más. Verás, hay gente que al oír hablar de la biblia la condenan pensando que es un best-seller escrito por cuatro locos y creado para llevar a cabo una especie de plan de dominación mundial comandado por sacerdotes violadores que cubren de oro todo lugar dedicado a su causa. Se olvidaron de que es un libro, sinónimo (a no ser que sea la autobiografía de Ana Rosa Quintana) de cultura. Un libro que tendrá mas o menos el mismo número de páginas que toda la saga de Crepúsculo junta.

Son esos que miran al dedo cuando señalas a la luna. Jesús de Nazaret, siempre representado escuálido, sangrando y triste, no era más que el primer hippie de la historia. No predicaba, ni mucho menos, cosas como “si eres bueno irás al cielo cuando te mueras”. Él dijo: “¡Miren! el reino de Dios está en medio de ustedes”. Eso se traduce como: el cielo es aquí, el cielo es ahora, el cielo eres tú.

¿Existió de verdad? A nadie le importa, ¿existió acaso Buda? No se sabe de ellos como personajes históricos. Son tan reales como el tipo que escribió el Lazarillo de Tormes. Nadie sabrá nunca de ellos, nadie dará nunca con sus huesos ni con su ADN. Hay poesía y buen humor si sabes buscarlo. Hay buenos mensajes, historias de humildad, la gente tiende a cubrir de oro los restos de un carpintero que llevaba sandalias. La seriedad es un cáncer. Los hombres que dicen ser personas serias posiblemente acaben probándose los vestidos de sus madres frente al espejo del baño. No se puede ser siempre serio, sobrio y austero. Los maestros zen solían burlarse los unos de los otros cuando se les veneraba, y se dibujaban a sí mismos extremadamente gordos, o extremadamente viejos.

Hay que aprender a coger lo que te dé la gana de cada sitio. No te quedes con los millones del Vaticano o con las historias de corderos sacrificados, si no quieres. Algo bueno de la cultura es que no tienes por qué saberlo todo, o por qué rechazar todo. Esa gente que escupe sobre la biblia o el corán o lo que coño lean los budistas, y que después se dejan convencer por su pareja para que les meta el dedo en el culo durante el sexo. Gente abierta a todo menos a lo espiritual. Hay que buscar un poco siempre. Hay que encontrar la flor entre la basura. Porque una mala comida tiene más sentido que mil críticas gastronómicas juntas. Dentro de ti eres tú el que manda, coño. Llévate lo que te dé la gana, ¡Self Service!

Cabezas de gatos y pezones, Especial Navideño

30 de diciembre de 2011 Deja un comentario

La Navidad ha llegado a Supercor, amigos. Hoy, en Cabezas de gatos y pezones, el primer programa de radio escrito, rendiremos culto a ésta fantatómica festividad. Hoy tenemos un contenido tan jugoso como la vagina de una rata. ¡Atentos a la mierda!

– Entrevistamos al año 2011, que nos habla de sus últimos minutos de fama.

– Hablaremos también con el 2012, esa cosa llamada… ¡FUTUROOOO! y resucitaremos al fallecido Camilo Sesto, sólo ésta noche. 

– Tiraremos nieve de mentira a un bastardo hijo de puta anónimo.

– Iremos en busca de la teta de Sabrina Salerno, a la que vimos el fin de año del 87 (yo no, no había nacido), que muchos dicen que se ha caído y ha muerto.

– Recomendaremos adornos para el árbol de navidad.

Te dejaremos con el maldito culo roto. 

 

¡Y empezamos pisando fuerte con una canción de año nuevo jodidísima! ¡Dame la salida, Bono!

Como diría Didac Alcaraz: ¡Topo Papa! ¡Papa Topo! Vamos señores no nos durmamos, ¡Queda mucha puta noche por delante! ¡Estamos en directo! Aquí conectamos por teléfono con el 2011, que no ha podido venir por problemas de salud. ¡Hablemos con él!

– Señor 2011, ¿Cómo nos describiría usted su vida?

– Buehj, no ha esgtado mal, pero ya sabes, aghfjdá que si ésto, que si bsfád, que si Pitbull, que si la visita del Papa…

– Ha habido acontecimientos realmente importantes durante su existencia, no se quejará.

– Eso no es pgregunta.

– Todavía le queda un día de vida. ¿Lo ve con optimismo?

– Jajajajajaja no.

– La chistorra que, ¿Le gusta?

–Muchíhsimo.

– Señor 2011, en el cine ha habido grandes películas, como Drive, The Artist, Red State, Un Dios Salvaje, Super 8, Fast & Furious 5, y muchas más. En la música  rockeros como The Black Keys o Mastodon han sacado sus mejores discos, y en cuanto a libros, Dan Brown ha sacado poca cosa. ¿Diría usted que ha sido un gran año culturalmente hablando?

– Lo que me gusta son los buenos coñ…

– Y hasta aquí la entrevista, muchas gracias, año 2011.

– Los coños, me gustan.

Y aquí al lado tenemos a un joven y fuerte 2012, en primicia, sólo para los radioescuchantes. Señor 2012 ¿Que nos puede…?

– JAJAJAJAAAAA ¡NO TENDRÉIS CARNÉ JOVEN, SE SEGUIRÁ SIN PODER FUMAR EN LOS BARES Y EL MUNDO Y LA SAGA CREPÚSCULO SE ACABARÁN DURANTE MI MANDATO DEL TERROR!

Aquí concluye la declaración del año 2012, que se ha ido andando a cuatro patas, soltando espuma y apuñalando a varios de los cámaras. ¡Al parecer viene fuerte! Ahora llega la sección que mas le gusta a Krusty el payaso, ¡Los correos de los oyentes! Éste es de uno de nuestros mejores fans, Phillip Seymour Hoffman, que dice así:

A ver cuando nos cortamos las patillas, Polanski. ¿Quién es el Doctor Rock? ¿Es publicidad o es el dependiente de la tienda? ¿Qué hay ahí? Cuidado con las malformaciones, ¿No? Anda cerca, el Dalai Lama. ¿Qué pondrás en Twitter?

No te podemos responder porque todas las respuestas son alto secreto, amigo Phillip. Bueno sí, la última sí: una chorrada inmunda. El siguiente correo viene vía Twitter, de parte de @Hitlerismypussy:

Tu programa es absurdo, además sólo has hecho dos. Melendi es lo más. Las ratas, las ratas.

A ti sólo te podemos decir que tienes más razón que un santo, querido Bustamante. ¿Sería Bustamante el creador del videojuego Bust-A-Groove? Qué Gilipollez, mayúscula, ¿No? Por cierto, nos comunican que los chicles de Trident Senses, especialmente los de sabor “Limón Misterioso” son extremadamente radioactivos, si los comes morirás al instante, a no ser que seas una atractiva niña de ojos azules con fijación por los novios pederastas, no tendrás problema entonces.

Y aquí está con nosotros Pascual Ferris, que viene a darnos consejos para decorar el árbol navideño vía mensajes del mésenyer, ahí van:

Cuelga testículos en lugar de bolas de navidad. No pongas estrella, pon la foto de Carlitos, el de Cuéntame, en pleno guateque. Eran cojonudos los guateques que se montaban ¿Que no? JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJJAJAJAJAJAJAAAJAJJJAJAJAJJAJAJAJNFBAÑAAWSXVCERFEWREFSFDBSIFÑUE

FELIZ NAVIDAD, ASQUEROSOS PARÁSITOS QUE NO TENÉIS NADA MEJOR QUE HACER QUE ESCUCHAR ‘CABEZAS DE GATOS Y PEZONES’

OS QUIERO A TODOS!

A unos más que a otros. ¡Jajá! Y ahora unas palabras al azar: pétalo, sirvienta, barreño, peste, croqueta.

 

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No dejen de visitar ésta mierda rara que me he creado

26 de octubre de 2011 Deja un comentario

http://ask.fm/LeonotisLeonorus

Mirad ese link, qué jodido. Acabo de ver por ahí esa página, red social o lo que ostias sea, donde la gente hace preguntas al boleo. Es un motivo muy rico para echar unas risas ¿No? ¿Si, eh? ¿Parece que sí, no? ¿Sí? Si.

Hacedme preguntas todos, va. Qué demonios.

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Hay que creer en algo

19 de septiembre de 2011 2 comentarios

¡Cuidado, va a aplastarnos a todos!

Puedo resumirte los diez mandamientos en diez palabras:

no, no, no, no, no, no, no, no, no, no.

-The man from Earth

“Hay que creer en algo”. ¡Menuda gilipollez de frase! Muchos la usan como respuesta polivalente. ¿Por qué eres religioso? ¿Por qué te arreglas con tus mejores y más relucientes galas todos los domingos? ¿Por qué, aunque suene ya muy oído, gastas tiempo y dinero (mucho dinero) en ver a un señor mayor que nos dice qué cosas NO debemos hacer? “Hay que creer en algo”.

Bla, bla, bla. Está muy bien creer en aquel hippie de hace dos mil años que sólo quería bondad y buenas intenciones y que acabó crucificado y desangrado como un perro. Está bien la historia del padre borracho que pega a su mujer y se salva de ser un capullo creyendo en Dios. Y se puede respetar a quien sin creer en un señor omnipotente pierda los estribos y se sienta sólo y abandonado en una isla desierta.

¿Pero no es un poco excesivo todo lo demás? Es decir, yo creo en mi, y a veces ni eso. Creo en la mujer que me corta el pelo, creo en esos señores que debieron recogerme del planeta Krypton para educarme y que ahora me pagan los estudios, creo en mi amigo el del bar al lado de los juzgados, que me pondrá un café con hielo perfecto cuando vaya a visitarle. No voy a ser un triste infeliz por no creer en algo más que en eso.

“Estúpido zurdo descerebrado, deja en paz nuestras creencias y vete a votar a los verdes y a ver el programa de Wyoming”. No me tomes por un moderno y racional ateo de esos que van pegando carteles por las esquinas con mensajes en plan “Dios ha muerto” “La visita del Papa está drenando nuestra energía vital y se nos caerá el pene a todos los hombres” “Deje de creer en Dios y le regalamos ésta freidora”. Ésto es mucho más sencillo.  Hay mucha tontería en el mundo, y no quiero que me coma. Se reduce todo a eso. ¡Así que no me digas en que mierda tengo que creer o dejar de creer!

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¡Por un estado lácteo!

21 de agosto de 2011 2 comentarios

Ya se ha ido el Papa a su casa. Ha dado mucho que hablar ¿eh?
Que si con lo que ha costado el viaje podría alimentar a medio África, que si la JMJ son una panda de beatos que en el fondo se ponen hasta el culo de alcohol, que si ahora me cojo un pollo, que si ahora me saco un moco.
Calor, chistorra y patatas fritas, siempre estamos con lo puto mismo.
Os diré una cosa: EL PAPA SOY YO. Sí. Os habéis estado quejando de mí en realidad. Era yo todo el rato, desde que salió como Papa. Yo, el que escribía toda esa mierda surrealista en el blog, el de las críticas de cine, el de las obras de teatro raras. El Papa fui yo, delante de vuestras narices, he sido vuestro amigo y me habéis confiado secretos inconfesables muchos de vosotros.

¿Acaso Benedicto XVI y yo hemos aparecido juntos públicamente alguna vez? He abusado de vuestra confianza y os he mentido. Ahora conozco todos vuestros secretos y vuestras ideas. La JMJ en realidad es mi ejercito personal. ¡Empuñarán un arma y lucharán como cuando yo era nazi! ¡Ésta semana ha sido Madrid, dentro de poco, EL MUNDO*!

 

 

 

 

*El mundo de sitio, no de periódico.

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