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La muerte de Ego, el planeta viviente

Queda poco. Te frustras por nada. Sales a la terraza y bebes una coca-cola de esas con sabor a cereza, y piensas que no va tan mal. Pero hay que cambiar cosas. Remangarse y extirpar, descoser, unir, arrancar algunas cosas a bocados, dejar otras en su lugar. Todo se reduce a tus mundos personales. Si lo miras bien, sólo hay dos o tres cosas que no merecen ser tiradas a la basura. Hay cosas que se hacen tremendamente grandes e importantes, y cosas que encogen hasta poder pisotearlas. Todo eso va cambiando, girando, estirándose, transformándose, etc, etc.

Otro primer párrafo lleno de cosas que no entiende ni Dios. Sólo suenan bonitas: ahí está la esencia de todo. Es asqueroso contar tu vida. Tus asquerosas penas de clase media. Vuelve otro día. Compra tus penurias insignificantes y personalizables, customizables, oh, sí, terribles. Dirás que ésto es infumable. Nadie te ha pedido que lo fumes. Tu asquerosa boca no está hecha para fumarme. Vuelve otro día, en serio.

¿Conoces ese cuentecillo zen? El tipo que perseguía a la vaca. Las pasaba putas hasta que la cazaba, y luego la domaba, y después la vaca desaparecía porque era alguna clase de alegoría y el tipo se fundía con el universo y podía andar por el mercado con el pecho descubierto. La clave está en lo último: caminar sin nada, a pelo, que las balas te reboten. Es el fin último. El resto de todas las cosas que te importan y te preocupan, las protagonizadas por el estudio, el dinero del finde y las amistades que no valen para nada se perderán en la mierda como saliva en la ducha.

Te diré que casi todo lo que escribo va de lo puto mismo. Optimismo, luchar contra el ego, quitar importancia a las cosas, hacer lo que uno ama, viajar a Marte. Se acaba el tiempo, se acaba el sabbat. Se acaba el descanso, y hay que ponerse a hacer algo rápido. Hay que volver al trabajo. Han pasado cosas en un año. Las guardaré, las archivaré, las pondré en una carpeta con los bordes de oro, que se abre con cien llaves, hechas de hueso, de trozos de cerebro, de arterias de metal, y cafeína, y vodka, y sémen, y ojos azules. Cosas abstractas que suenan bonitas. Mirar párrafo 2.

Ya va a acabar. Hablar de uno mismo, como comprenderás, es un coñazo. Deja que la poesía se muera en su forma más cargante y pomposa. La historia de uno debe acabarse para dejar hablar a la historia de los universos. Las cosas eternas, los planetas parlantes. Renovarse o matar.

Por si te preguntabas a qué viene todo eso: a éste blog le quedan un mes y diez días de vida. Habrá cosas nuevas. Buenas noches.

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